Me escribe un director. Es amigo. “Gracias por tus consideraciones desestabilizadoras. Eres más idealista que yo y ya es decir”. Me agrada que alguien que estimo piense esto. Agradezco que quiera escribírmelo. Muy bien. Me dura unos segundos el estado de ligera embriaguez narcisista que me producen las caricias verbales. ¿Y ahora qué?
No soporto el sometimiento. Vivo en un tiempo de sociedades sometidas a valores que no comparto y como no me siento preparado para cambiar la sociedad, me dedico a los que tengo más cerca. Aquellos con los que convivo profesionalmente. En un ensayo o en una clase. Desde mis libros o desde el Blog. Me impulsa una rebelión contra el sometimiento.
Una sombra lo envuelve todo. El individuo de nuestro tiempo se ha convertido en un instrumento para la comunicación social. Como si todos no tuviéramos otra opción que decir lo mismo: esto es lo que hay.
Lo Newton de lo social. Una ley de gravedad que debemos aceptar como hemos acabado aceptando que las manzanas caen hacia abajo. Parece ser que nada se debe hacer porque nada se puede hacer. Las manzanas seguirán cayendo. ¿Hacia que lado?
Lado Uno. La única ideología que impera es la seguridad. Es obligatorio estar sosegados porque el futuro debe estar garantizado. Todo equilibrado. Todo bien. Interpretemos la realidad de una sola manera. Es buena si nos sentimos seguros. Es la concepción vital que funda un sistema y organiza la vida de las personas.
Lado Dos. Hay que ser competitivos. Hay que estar preparados para ganar a los demás. El motor es competir. Ser fuerte para esa batalla. Hay un solo enemigo: el que consigue lo que yo tengo que conseguir. Ser un ganador es obtener primero el trabajo y luego el premio. No dejar ningún resquicio para la debilidad que me haga suponer que en vez de competir debo elegir el bien común.
Lado Tres. ¿Cuál es el destino? Salvarse. El que pueda lo conseguirá y los que no perecerán en el intento. Antes era un mecanismo biológico ahora es social. La subsistencia de la especie. Un sálvese quien pueda tan universal como miserable acaba siendo el mensaje definitivo que recibe cada individuo.
Nuestro colectivo, el del Arte del Actor, se ha adaptado sin demasiada incomodidad a estos tres principios. La moral acaba siendo la integración de los tres lados y los valores éticos que deberían ser naturales son desplazados. Decía Samuel Beckett: “El fin esta en el principio y sin embargo se continúa”.
Debemos continuar. Muy bien.
No es necesario pagar en España las deudas de Hollywood. No hace falta seguir asumiendo que copiar la vida es un modelo para actuar. No es imprescindible creer que solo hay premios y castigos. Triunfadores o perdedores. No es obligatorio pensar que la basura mediática es basura de la buena porque genera dinero. Podemos pelear la realidad y no dejarnos asesinar por ella.
El que actúa con todo su potencial comunicacional debe seguir estando en el centro de la cultura con todo lo que esto supone de potencia transformadora. Me refiero al cambio que se produce en un espectador cuando asiste y se implica en un acto creador.
Un actor europeo o latinoamericano que reivindica su historia; no la histeria comunicacional televisiva. Estamos atravesados por urgencias que ayudan a un cambio de paradigma. No hay razones ya para seguir vendiendo estupidez. En forma de sensualidad femenina o machismo andrógino. En forma de ganemos premios y seremos famosos. En forma de comedia tonta pero llena de encanto superficial. La crisis ilumina. Quedan cada vez menos cosas que perder y ni una sola cosa que no seas nuestra, por salvar.
¿Qué es lo que queremos salvar? Por ejemplo, la ética personal que nunca muere y nos ayuda a entender que venimos de una sociedad que nos ha querido convencer, de que todo está permitido. Si no es así, aún quedan algunas cosas por hacer.
Romper el cerco. No aceptar que la imaginación del actor se debe acomodar a una exigencia devastadora que lo obliga a entender su existencia profesional, solo como supervivencia. Sometido a la miseria que es siempre indigna, el que actúa se convence que es legítimo hacer cualquier cosa para sobrevivir.
Lo que queda por salvar es la subjetividad. Que cada individuo puede decidir qué es lo que hace con lo que desea. Y si no sabe, que entienda y aprenda. Esa es la tarea. Salir de lo que el poder ha elegido. Ser capaces de imaginar desde nosotros mismos.
La imposibilidad de imaginar.
17 01 2012Comentarios : 20 Comentarios »
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Un vacío que llena.
1 01 2012Por segunda vez y mediante virus informático de naturaleza diversa, personas desconocidas han tratado de impedir que este blog siga emitiendo contenidos. Un actor con amplia trayectoria profesional me daba apoyo para que siguiera con esta reflexión, al mismo tiempo que me recordaba que mi postura de oposición al actor televisivo le resultaba personalmente contradictoria. El trabajaba en teatro, cine y televisión y no podía coincidir con algunos de mis argumentos.
Recibo su estimulo y considero este momento como el adecuado para clarificar mi posición en relación a un medio que da trabajo a mucha gente.
No me opongo al medio televisivo como instrumento trasmisor de mensajes y contenidos al servicio de un sistema. Asumo esa condición y entiendo que el vértigo de la información televisiva crea un sentimiento. Una especia de culpa y vergüenza.
Lo crea y lo elimina al mismo tiempo.
El tan mentado mercado que parece que todo lo decide, necesita de ese recurso para acampar a sus anchas en el deseo consumista del individuo de nuestra época. Nos ayuda a metabolizar con facilidad la dosis de culpa superficial que instala en cada persona la dura realidad de nuestro tiempo y nos permite concluir en una digestión rápida para poder dormir más tranquilos. Es parte del sistema y no tengo dudas de que por ahora es invencible. Ha surgido y ha crecido alimentándose de los aspectos más miserables y mezquinos del ser humano.
Muy bien. Esto es así y puedo interpretar el paradigma resultante. Lo que no acepto ni acabo de comprender es la facilidad con la que acepta el actor, lo que se le ha impuesto. Sus lugares naturales de expresión, teatro y cine, soportan estoicamente un modelo de desarrollo al servicio de un sistema.
Estoy en desacuerdo con un modelo de crecimiento basado en las apetencias cuantitativas del capital. Incluso en esta etapa crucial de la evolución de la sociedad, el arte del actor no debe someterse a variables que nunca le han pertenecido como esenciales en su existencia.
Quiero postular un modelo de desarrollo basado en la condición técnica del actor. Un saber con que se trabaja (la técnica) y para quien se trabaja (la ética). El actor como eje creador de riqueza artística, no en oposición a la mayor retribución económica posible.
No intento forzar una elección, ni establecer un dilema. Sigue siendo mucho mejor hacer una comedia de situación que trabajar de camarero por las noches. Lo que intento revelar para que sea asumido por cada actor, es una conciencia crítica. Quiero decir, lo que el lenguaje televisivo ha hecho con su trabajo.
La copia de la vida como modelo para vender más y mejor. No estoy negando la opción laboral y profesional. Lo que cuestiono es la incapacidad de asumir una postura crítica y por ende transformadora de si mismo.
El actor tiene mucho que hacer con lo que la televisión ha hecho de él.
Creo que hoy en día esa es la tarea para instaurar modelos de crecimiento y desarrollo de un arte que debe estar inmerso en la crisis social del individuo de nuestro tiempo.
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Los Territorios Éticos
8 12 2011Quizás me he quedado atrapado en las consecuencias de la sociedad entre Samuel Beckett y James Joyce. Como si no hubiera tenido suficiente con tanta modernidad acontecida y con tanto compromiso ideológico. Eso que concluyó con el fin de las ideologías. No queda nada de todo aquello que condujo al espíritu transformador de la sociedad. Ni siquiera quedan las utopías. Ni el poema de Galeano que nos recordaba que solo sirven para caminar. Se las veía tan lejos que no era difícil hacer historia. Caminábamos hacia una utopía inalcanzable.
Ni siquiera el caminar esta permitido. La gran verdad es solo lo que nos dicen que ocurre. Lo que acontece es la información. Como no hay trabajo, la deserción a ilusionarnos acaba siendo el mensaje. Ni siquiera una ilusión utópica. Nos quieren hacer creer que ilusionarnos es un remedio para idiotas.
Sin embargo venimos de la fiesta. La celebración española de las burbujas, sea inmobiliaria o automovilística, nos ha dejado al borde de festejar la nada. Escucho la radio, veo tertulianos televisivos, leo blogs en la red y nadie se escapa de la misma subjetividad. Lo importante es comer todos los días y para eso hay que tener trabajo. ¡Vaya novedad que estamos descubriendo! El trabajo es salud. No es así. Nunca ha sido así. No lo será así.
La mujer y el hombre siguen vivos. Para lo peor y para lo mejor. Seguirán intentando no confundir sobrevivir con vivir. Los individuos pueden matar o delinquir. También pueden construir, crear y rebelarse contra la muerte. Incluso contra esa muerte cotidiana de no tener trabajo. Siempre lo han hecho así y siempre quedará gente en el camino.
Mientras vamos peleando para subsistir y mientras nos entregamos a ello, vamos marcando territorios éticos. Mientras no hay trabajo, esos territorios nos salvarán de la nada. ¿Qué hacen Antonio Banderas y Penélope Cruz vendiendo perfumes por televisión? Ambos, alguna vez tendrán que sostener esa pregunta. ¿Hasta cuando la va a seguir ocultando el dinero?
Los territorios éticos son la primera opción personal. Con muchas opciones similares se constituye un gran comarca ética.
Hay un pensamiento fuerte contra el hambre y un pensamiento débil que solo estimula el que cada uno quiera comer. A los políticos les encanta el débil. “Cuando comamos todos los días seremos felices”. Y no es así. El posibilismo mediocre europeo se nutre de glotones mediáticos o de aficionados a las dietas. Da lo mismo. En el comer mas o menos no deberían jugarse las cosas.
A la hora de la creación no hay fábrica ni comida ni patrón ni sociedad del bienestar. No hay ni siquiera reloj. Por no haber, hasta la muerte que provoca el hambre, desaparece.
Los territorios éticos sustituyen la comida. ¿Pero alguna vez hay que comer? Si. Pero de eso no nos ocupamos como quieren los políticos. Para asumir la ética como conducta existencial, hay que buscar la comida y negarla al mismo tiempo.
No se pelea contra el hambre. Se pelea contra la muerte y para poder dar esa batalla alguna vez debemos comer.
El Mercado pretende adueñarse de todo. Mas que nada del hambre. Si no hay otra opción espiritual ni subjetiva que someternos al Mercado no queda ni una sola revolución creadora que realizar. Es la desaparición del Arte como proceso creador de vida en independencia de su rentabilidad. El Mercado se ha apoderado de todo y un actor solo sirve si se ha preparado para asumir las leyes de ese Mercado.
No creo que esto tenga que ser así.
Dejemos de constatar, escribir o valorar el éxito que han obtenido los actores con lo que han hecho y tratemos de comprender y defender los procesos creadores que han dado sentido a la vida de cada uno de ellos. Ese es el territorio ético que hay que regar porque en ese lugar y mas allá de la lucha cotidiana por la supervivencia se juegan su vida los que se alimentan del Arte del Actor.
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Los Valores Refugio
16 11 2011El capitalismo ha inspirado una metáfora. En tiempos de crisis hay que poner a buen recaudo el dinero acumulado, refugiándolo en algunos valores que den tranquilidad al inversor.
Monedas extranjeras, metales diversos, obras de arte o bonos garantizados. Son los territorios habituales donde se refugia el inversor asustado.
¿Puede el arte del actor, un arte que hace de lo efímero y fugaz su eternidad, un valor de refugio?
¿Para refugiarse de qué?
El capitalismo disfrazado de liberalismo salvaje ha decidido asemejarse al fundamentalismo islámico. Estos, como no pueden cambiar el mundo y las creencias de los seres que lo habitan, han decidido destruirlo.
Los dueños del universo financiero, a eso le llaman mercado, como no pueden comprar y vender la totalidad de los bienes y con ello seguir obteniendo altas rentabilidades, han decidido lo mismo que los fundamentalistas, destruirlo.
Me resulta muy duro soportar que el arte del actor, utilizando la televisión y la profesionalidad como excusa, sea una parte decisiva de lo mismo. Otro de los refugios donde la realidad construida y sostenida por el capital complete su tarea: matar al individuo.
La mercancía acaba teniendo mas valor que el sujeto. Con la técnica el individuo domina el objeto, pero se olvida del ente, del ser ( Martin Heidegger). Dominamos los medios para matar al ser humano.
Carlos Marx dijo que “la burguesía no va a parar hasta destruir al ser humano”. Deseo que su profecía no se cumpla.
¿De dónde vengo?
Hace casi 20 años que las dos primeras horas de cada día las dedico a la lectura. Mi pasión por Philip Roth, mi desencanto por Paul Auster, el descubrimiento de Thomas Pynchon, mi empecinamiento con Valdimir Nabokov o mi admiración por Anne Bogart vienen de ahí.
Mi inclinación por la filosofía, más que nada lo que sigo estudiando al respecto, no lo considero lectura recreativa. No es la misma ayuda para comenzar el día que una buena novela. Me instala en mis tiempos de estudiante. Creo que intento acabar una carrera que en su momento no me atreví a concluir.
Mi compañera Carmen y mi hija Camila me llaman con ironía, el filosofo. Supongo que para hacerme creer que soy lo que no he sido capaz de ser. No creo que sea un homenaje a Jorge Valdano.
En el año 1980 contraje una hepatitis. Ricardo Domenech en aquel momento director de la RESAD donde yo había comenzado a trabajar hacía un año me preguntó que libros deseaba que me regalaran para hacer más llevadero mi reposo. Entre otros le solicité Vigilar y Castigar de Foucault, Ser y Tiempo de Heidegger y Consideraciones Intempestivas de Nietzsche. Me escuchó sorprendido. Ni un solo libro remitía a algo teatral.
Ricardo ha fallecido hace un año mientras yo estaba en Chile. Con el transcurso del tiempo pudo explicarle que entre las Palabras y las Cosas he logrado acomodar mi deseo de dirigir a los actores. Sin Foucault no lo hubiera conseguido, pero sin Sartre o Deleuze, tampoco. El pesimismo en el entendimiento me ha posibilitado un optimismo creador que encuentro en dirigir a los actores y descubrir junto a ellos una puesta en escena.
A mis alumnos les hablo de Spinoza. Es el mas cercano a la técnica actoral pura de todos los que conozco desde Descartes hasta Paul Virilio o Peter Sloterdijk. Entre el vez a vez y el vínculo entre los individuos, vive la acción escénica. Eso lo dijo Baruch Spinoza no Stanislavsky. Lo siento mucho por el teatro ruso pero es así.
Mi hijo Federico esta preparado para dirigir actores en cine porque descubrió los espacios en blanco entre las palabras. Es decir, sabe leer lo que no está escrito. Igual que en los actores.
Creo que en mi vida he utilizado la lectura como un medio para detener el tiempo. Dirigir o dar una clase son algo distinto. La mejor manera que he encontrado para perderlo.
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Otro lenguaje artístico. Otra mirada.
16 10 2011¿Cuál ha sido la búsqueda esencial de mi trabajo en los últimos quince años? Afirmar el derecho primero y el deber después que todo actor tiene a descubrir la diferencia. La virtud técnica de descubrir en oposición a la de copiar. He tratado de entender y de trasmitir a los que conmigo han trabajado en estos años, que lo que hace que un actor sea lo mejor que puede ser, no es ni la búsqueda de emociones ni la copia de la vida.
Todo ello me ha llevado a confrontaciones, plasmadas en mis libros o mis clases, contra un proceder pedagógico inspirado en los valores donde la individualidad inherente al modelo social americano, acaba estimulando el éxito como la base del prestigio al cual debe llegar un profesional. Premios más o menos televisivos y actores buscadores de un Oscar o un Goya como máxima trascendencia social.
El reconocimiento de ser un buen profesional porque se sabe lo que hay que hacer para actuar, porque se tienen los recursos técnicos adecuados y no por el prestigio social, fama o dinero que se obtiene con lo que cada uno trabaja. Hablamos de libertad. Libertad creadora, no la libertad que parece otorgar fama y dinero.
Si el actor no está dispuesto a negarse a ser lo que otros hicieron de él, no construye su propia subjetividad. El que cree que ganando un Oscar le gana a la sociedad asume la batalla que otros han proyectado para él.
La libertad como puerta. Muy difícil de abrir porque la orden recibida no es esa. La orden es: ser el mejor contra los demás.
Actuación como rebelión.
Tratemos de pensar al que actúa como un heredero de ancestrales batallas. De pronto un nuevo actor de nuestro tiempo, que decide no someterse a lo que el poder quiere hacer con su cuerpo. Cuerpos sometidos a las decisiones de aquellos que instalan su subjetividad y la defienden con los cuerpos de los que actúan. En la escena, el cine o la televisión. Son cuerpos actuando al servicio de otros hombres. Hombres sometidos sin conciencia de serlo.
Un instante de relámpago ilumina algo y es factible cambiar algo. No solo por indignación, concepto tan actual, sino por coherencia con la historia personal de cada individuo y por la coherencia con la opción vital de cada artista. Se trata de la construcción de su propia subjetividad y no la de asumir lo que otros han construido para uno.
Estamos a tiempo de aprender a respetar nuestros territorios éticos. Marcarlos, sembrarlos, regarlos y habitarlos, con la fuerza que nos otorga la historia del Arte, no la historia de las mercancías sometidas a las leyes del mercado.
Actuar. La energía tranquila.
El actor con su presencia en cada ensayo y como consecuencia de ello en cada representación, deberá ocuparse de reivindicar su lugar de artesano en oposición a las pautas de producción capitalista que alejan al actor de sus orígenes.
La sabiduría artesanal carga de fuerza ética y técnica su postura. La violencia del capital convierte al actor en un prisionero del status social y económico.
Muchos actores muertos prematuramente por un reconocimiento que nunca obtendrán, renacen en cada ensayo cuando no se someten a los que la sociedad quiere de ellos. Por el contrario, se reconcilian con lo que el Arte del Actor impulsa. Concebir algo y realizarlo como instancias de un mismo proceso, no condicionado por mecanismos resultadistas y marketineros de producción ajenos a los principios éticos que es el momento de volver a reivindicar.
Con Baruch Espinoza entendimos el vez a vez, Con Hegel el amo y esclavo. Entre los dos y con una cierta intermediación de Martin Heidegger nos dejaron en el territorio que supo ocupar Foucault. Las palabras y las cosas ya no se asemejan entre si.
Ese Quijote que vaga a la aventura es el actor. Nuestra responsabilidad es que siga vagando durante mucho tiempo.
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Samuel Beckett. Teatro Cervantes. Buenos Aires.2011.
11 09 2011Matar al autor.
1.- El actor desarma y hace escombros. No cualquier escombro. Esos en particular que esa situación que comienza a investigar le permite realizar. No es lo mismo el escombro de una villa en Biarritz que un apartamento en Manhattan que una chabola en las afueras de Lima. No es lo mismo.
Muy diferentes son los escombros de Samuel Beckett que los de Chejov. Los de Sara Kane que los de Arthur Miller. Quiero decir que hay que saber desescombrar.
2.- Con lo que queda vuelve a armar y redescubre la situación. Ya la tenía pero la vuelve a tener. Antes la tenía en la cabeza ahora le molesta en el cuerpo. Con lo que había y lo que hay, tiene algo que hacer.
3.- Comienza la reescritura. Los personajes que no estaban comienzan a aparecer. Tenía percepciones lejanas como ideas por desarrollar que no podía dejar de tener. Eso le pasó alguna vez y de eso queda la huella que quizás reaparezca pero esta vez sometida a una ley. La ley de lo que no estaba escrito. Es la reescritura que tritura la idea al mismo tiempo que la integra.
4.- El autor revive.
Me cuentan un cuento. Un relato corto. Quizás de los más breves. Se llama Reencarnación. Tiene una sola frase. “Otra vez perro”. Nada más.
Un autor que revive nunca dirá, otra vez perro.
Actuar. Un miedo agradable.
No creo que la técnica asegure la conquista del talento aunque la obligación de quien quiera ser un actor, debe ser intentarlo.
Tampoco creo que la adquisición de la técnica garantice el surgimiento de un gran actor.
De una sola cosa estoy muy seguro. La técnica posibilita de una manera clara y radical que un individuo no sea un mal actor. De la misma forma que con la inteligencia y la poesía. Una persona inteligente no es seguro que sepa escribir un gran poema, pero de seguro que no escribirá uno muy malo.
La condición humana.
Necesito escribir sobre la condición humana. Mas que nada en aquellos lugares en que aquella se relaciona con el arte.
Quiero creer y escribo, dirijo y doy clases para ello, que la condición humana es una condición para la escena.
Mas que la música o las artes plásticas, el arte del actor no logra escaparse de la reproducción de la vida aunque se arroje con denuedo a la actividad de lo escénico.
Siendo lo propio del capitalismo cosificar al ser humano, se nos ha impuesto como si de la ley de gravedad se tratara, la estética de la cosa.
El hombre o la mujer cosa al servicio de una sociedad que los necesita para perpetuarse. El dinero persiste en su tenaz persecución. Encontrar humanos “cosa” que quieran dinero. En este sentido, la mayor parte de los actores de las sociedades mas avanzadas, viene haciendo muy bien su tarea al servicio de la consolidación de una vieja complicidad: una profesión trabajando para un modelo de sociedad.
No debe ser casual que el gran teatro de los mas reconocidos creadores de técnica y poética teatral se haya escapado tantas veces hacia lo antropológico. Se ha lanzado hacia abajo y hacia atrás. Hacia el individuo que se busca a si mismo y no hacia el individuo que busca el poder que otorga el dinero.
En la pregunta por la muerte todos somos iguales. En la continua actividad por combatirla, por esquivarla, en huir de esa inconveniencia social y desplazar la angustia que revela la nada, ese hombre y esa mujer a quienes les hablo porque son actores para la vida y para la escena, tienen la opción de elegir.
¿Qué elige un actor? Crecer hacia atrás; recuperar el asombro de la infancia y evitar madurar mal, perdiendo la inocencia creadora. No es inevitable que creación mute en negocio. No es irrelevante ese combate del individuo porque se juega la batalla contra el desengaño. Queremos decir la lucha para evolucionar sin tener que asociar crecimiento con cuenta bancaria.
Un actor puede subjetivar su técnica en fama y dinero. También puede subjetivar lo que sabe y puede en arte. Si es un buen equilibrista de la existencia, aprende a usar el dinero para proteger su arte.
La alianza entre voluntad e imaginación le permite desprenderse mejor del deseo posibilista y publicitario de una sociedad que necesita actores mediocres para vender mas de lo mismo.
De pronto una nueva mirada da un silencio diferente. De ahí surge una palabra diferente. Un hacer distanciado. Con un paso al costado se entiende mas. En el esfuerzo por entender tendrá que surgir la fuerza de desear mejor.
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LA MERCANCIA.
25 06 2011El que ofrece un actor es porque no necesita un actor.
Empresas de producción en cualquier ámbito artístico relacionadas con los seres humanos que actúan, reclutan y venden mercancía artística de la mejor calidad al mejor precio que pueden.
Ustedes saben señores vendedores que están usando la gran puerta que les ha abierto la globalización aliada con el neo-liberalismo.
Ustedes saben que son explotadores. Se han apoderado de la riqueza creadora de generaciones posmodernas, repletas de la ilusión que una sociedad libre alimenta.
Ustedes saben que como buena basura ideológica, han logrado metabolizarse en el universo profesional del actor. Han conseguido parecer indisolubles a la realidad. No hay otra manera de subsistir parecen decir. Lo dicen y lo gritan con el atrevimiento que les otorga el poder. Tratan de ocultar que usan y tiran, compran y venden, mercancía humana imprescindible para sostener los productos que una y otra vez generan.
Pantallas o escenarios. Cajas tontas o proscenios irrelevantes, al servicio de una teología. El actor como oficiante. En publicidad o en reality show, en comedias de situación o en telenovelas tragicómicas, en dosis masivas para captar el interés de un espectador. Se trata de llenar el espacio que debe ocupar lo que se ha denominado, cultura del ocio. No hay ninguna duda. Tan inculta como ociosa pero atrapadora como para que todos sigamos sin reflexionar sobre el castigo que esa cultura ejerce sobre buena parte de la sociedad. Aunque no lo crean, hay individuos que hacen el esfuerzo de seguir pensando, de forma autónoma y crítica.
Me asombra la trágica facilidad con que la gente normal se puede convertir en verdugo.
Me asombra la trágica facilidad con que la gente normal puede aceptar a que alguien les diga lo que tienen que pensar y desear.
Me asombra la trágica facilidad como todo eso se asume desde una profesión a la que pertenezco y que parece haber renunciado a ser vanguardia transformadora, algo que ha venido ocurriendo a lo largo de la historia del hombre y que alguna vez le hizo decir a Sigmund Freud. “Los poetas descubrieron el inconsciente antes que yo”.
Esta sociedad no necesita actores, los usa para comprar y vender. Muchos actores sometidos a esa inercia dicen lo mismo: Ahora aguanto lo que hay. Me tratan como mercancía de cuarta categoría pero alguna vez me trataran como mercancía de primera.
Tarea para el Verano. Líneas de reflexión y pensamiento.
¿Por qué Federico Nietzsche se convirtió en el líder incuestionable de la post modernidad?
¿Por qué Konstantin Serguievich Stanislavsky es el adalid insustituible del pensamiento teórico y técnico vinculado al arte del actor?
¿El pensamiento de Nietzsche esta integrado o es superado por Foucualt?
¿El pensamiento de Stanislavsky está integrado o es superado por Grotowsky?
Nietzsche: Hay un ser humano que se somete al estado y otro que no. Al que se somete Nietzsche lo llama gregario, al otro lo llama superior. El gregario asume la moral del rebaño. El superior entiende al hombre gregario. El gregario no entiende al hombre superior; para entenderlo tendría que dejar de ser lo que es.
Federico Nietzsche. Textual. “ Desprendernos de todos los lazos humanos sociales y morales hasta que podamos bailar y saltar como los niños”.
¿Les recuerda algo?
Stanislavsky: La acción es un medio para recrear la vida real. Eso fue exagerado hasta límites insospechados por los colegas americanos y sus continuadores en todo el mundo occidental y televisivo. El mercado manda y a ellos les ordenaba conseguir un actor que hiciera de la naturalidad una virtud. Un actor que había que domesticar para uso y abuso del cine y la televisión.
Para Gratowsky la acción es un instrumento para descubrir una puerta de entrada, Para crear una vía de acceso e iniciar desde allí la construcción desde otra lógica que no la de la naturalidad de la vida.
Uno. No hay que domar ni el cuerpo ni el alma. Tratemos de que sean salvajes y dignos.
Dos. Las cosas van mal. No tengo porque ir con ellas. Si tengo algo que sé hacer debo hacerlo. Lo que está mal que lo hagan los demás.
Tres.- Venimos viviendo en los últimos tiempos catástrofes de distinto signo. Las éticas las conocemos todos. Desde Auschwitz hasta nuestros días el ser humano ha decidido no ahorrarse ninguna. Las catástrofes tecnológicas son más originales pero matan igual. De Hiroshima a Fukuyima hay algunas letras de diferencia y unos cuantos muertos más para la primera.
¿Y todo esto en que va con nosotros? Cada día que pasa me siento mas un miembro de la resistencia que otra cosa. Perdón por decirlo. Durante las guerras no se habla de los que integran la resistencia. No quiero ser colaboracionista aunque me usen como si lo fuera. Hay una ocupación en nuestra profesión. El Arte del Actor está ocupado por un enemigo que se hace el tonto escondido detrás del liberalismo.
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Personajes visibles. Actores invisibles.
10 06 2011Si el actor se esconde. ¿De que trabaja?.
Un actor no debería esconderse en un escenario porque es el sitio menos adecuado. Todos los espectadores lo están viendo.
Esconderse detrás de uno mismo es una buena coartada. Ponerse en el personaje no es nada fácil; requiere mucho trabajo.
Hacer de uno mismo y convencerse de que eso debe ser visible, ha dado justificación pedagógica y dinero a mas de uno. Hace 30 años se insistía mucho en la dificultad de hacer de uno mismo. Ahora lo entiendo. Lo complicado es no hacer de uno mismo sin dejar de ser uno mismo.
Implicación y expresión se nutren mutuamente y se eliminan entre si. Hay que conseguir que no se separen y que al mismo tiempo se diferencien.
Mis coyunturales experiencias en un teatro mas cercano a la búsqueda de una mayor rentabilidad y su contradictoria relación con ese otro teatro donde los tiempos de investigación y ensayo son mas extensos, me ha llevado a reflexionar sobre el binomio implicación-expresión.
¿En que se implica el que se implica y que expresa el que se ve obligado a expresar?
La renuncia de quien dirige a su deseo de tener el control le otorga al actor la opción de respetarse a si mismo. Lo impulsa a integrarse con los demás y fomenta un intercambio que estimula la imaginación. El actor se implica en liberar lo que antes de ponerse a ensayar no había surgido.
Quien es obligado a expresar trasmite lo que ya aprendió fuera del ámbito del ensayo o se somete al deseo del que dirige quien formula lo que desea que el actor exprese.
¿Dónde comienza la originalidad? ¿Es factible un buen regreso al origen sin pagar con un posibilismo convencional que cierra la búsqueda antes de tiempo? La televisión y los pésimos productores-directores se han especializado en adquirir el talento y destruirlo, a cambio de prestigio social y/o dinero.
El máximo logro del poder es que todo el mundo crea que ese es el orden inevitable y natural de las cosas. La alianza entre rentabilidad y televisión ha convertido al actor en uno de los jugadores principales de unas reglas del juego que él no ha inventado pero a las que contribuye en nombre de la supervivencia.
Una vez mas nos preguntamos que hace el actor con lo que la sociedad ha hecho de el. Una negación personal y radical asoma en el Arte del Actor. Cada uno acabará decidiendo porque y para que se implica. Abajo y arriba del escenario. Antes y después de cada ensayo. Frente a una cámara y frente a si mismo. Detrás de que se pone. En que se pone.
El ser humano elige.
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Algo se mueve
14 05 2011El jueves 31 de Marzo del 2011, día del estreno de Tejido Beckett en el Teatro El Musical de Valencia, por lo menos 15 espectadores abandonaron la sala antes de que concluyera la representación. Puedo suponer que se aburrían con lo que veían. No conseguían descifrar lo que los actores comunicaban por lo que les parecía innecesario hacer el esfuerzo de permanecer en el recinto.
En la misma sala y a la misma hora, una espectadora comenzó un ritual. Durante los 4 días en que la obra se representó en Valencia no dejó de asistir a ninguna representación. Una y otra vez en cada día, renovó su deseo de conectarse con lo que ocurría en la escena evidenciando el máximo de implicación con su continuada presencia.
No me agrada que los espectadores se retiren del teatro. No es eso lo que pretendo. Pero me agrada aún menos someterlos al éxito de lo masivo; convertirlos a todos en una cosa grande y manejable. Un enorme grupo humano sin mirada crítica, atrapado en las leyes que otros han escrito para ellos.
Parece ser que la historia del actor siempre ha sido así. Cuantos más vengan mejor. Alguna vez a eso se le han opuesto las vanguardias en el arte. “Lo hacemos tan diferente y singular que nadie nos entiende”. Cuanto menos vengan mejor.
En los dos extremos lo esencial es el espectador. Lo máximo o lo mínimo como exponentes de lo mismo. La preocupación puesta en el otro. Ese otro que nos hace populares o marginales, pero que en definitiva nos da un lugar.
Soy consciente de la dificultad que entraña salirse de la pauta. La habito con la mayor cantidad de dignidad contradictoria que he podido acuñar en muchos años de proyectos teatrales. Todos ellos sometidos a la ley de la oferta y la demanda.
Hoy en día no quiero otra cosa que una conversación civilizada con cada espectador. No con una totalidad sino con cada uno de ellos. No me interesan como grupo sino como personas. Tanto los que se van como los que se quedan. Quisiera que cada obra que dirijo pudiera decirle algo a cada uno.
Somos lo que ocurre cuando la obra se representa. Esa es la doble responsabilidad. La del que actúa y la del que recibe. No debería haber una norma establecida. Ni de lo malo ni de lo bueno. Nadie puede entrar o salir de una norma que no debería existir. Es una construcción y el primero que opera sobre ella es quien genera un objeto de arte y lo expone para que sea compartido. En ese sitio algo se mueve. Cuidemos el valor de que no se detenga el movimiento.
Estoy en Buenos Aires. Es posible que el Teatro Cervantes nos dé su sala para hacer Tejido Beckett. Aquí también, capital del buen teatro algunos espectadores se irán y otros se quedaran. Nada garantiza presencia o ausencia. Mirada o sordera. Miedo o atrevimiento. Nada garantiza nada. Samuel Beckett tenía razón. ¿Significa el que puede?
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Eso somos todos.
19 04 2011Yo no quisiera expresar un despojado sentimiento melancólico, sino un profundo dolor. Por encima de todo, quiero llegar a un momento en que se diga de mis montajes: este hombre vive su trabajo con profundidad e implicación en lo que hace. Este hombre siente algo y necesita expresarlo.
Algo de lo humano me desagrada y no puedo dejar de asumirlo. Incluso me desagrada tener que escribirlo como si con ello pudiera rectificar la parte que me corresponde de mi condición de humano sometido a la esencia de la sociedad que vivimos: No pensar, por uno mismo.
Dejemos que algo resuelva por nosotros porque en definitiva es solo un rato que se nos otorga para jugar un partido que desde el comienzo sabemos como acaba.
En esa tesitura de todo vale porque todo concluye mal hay un terreno muy bien abonado para justificar lo que hacemos y mas que nada lo que no hacemos.
El sálvese quien pueda esta instalado y aunque a veces tenemos alguna contradicción en su aplicación cotidiana, parece ser que esta metabolizado en las reglas del juego.
El arte que desde tiempos inmemoriales ha propiciado cuestionar la realidad como si se tratara de un desajuste de la misma ya no se propone como realidad alternativa. Ahora el arte pretende construir la realidad. Tanto es así que si no estás en la televisión no eres nadie. Ese intento de construir la realidad convierte al artista en un servidor de lo que debería cuestionar.
¿Qué civilización es esta que permite tanto salvajismo y barbarie en los que no tienen ni teléfono ni televisión y tanto banalización de esa tragedia para los que tiramos manteca al techo?
Con que naturalidad la gente normal se puede convertir en verdugo. Eso ha sido Ricardo III. Ama y mata al mismo tiempo y nos recuerda que eso somos todos.
¿Se puede conmover al espectador con lo que hacemos? Creo que no. Hace mucho que ha concluido la quimera de una sociedad
justa hecha a la medida de los sueños de los seres que la constituyen. Sin embargo seguimos haciendo porque eso es lo humano también: la búsqueda de un sentido. Incluso ofrecerle al espectador un lugar común para cambiar algo en el orden del pensamiento, es una invitación que vale la pena hacer. Mas allá de lo que haga con ella el que está invitado.
Resistir y perder es una opción. No es la peor de todas.
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