No hay que mentir. Hay que hacer teatro.
Es habitual que se acuse a los jugadores de futbol cuando exageran las consecuencias de una infracción cometida por un rival. Hacen teatro, les dicen. Fingen lo que no ocurre.
Eso no es actuar. Eso es ser un mentiroso en la vida, en el deporte y en el arte.
Los animales no mienten. Hacen. Un hombre que en un estadio de futbol insulta a un jugador de su equipo y dos minutos mas tarde lo enaltece porque ha conseguido un gol. ¿Qué es? ¿Un animal contradictorio o un oportunista social? Desarmado por la pasión del momento expresa en la contradicción su universo subjetivo. El amor a su equipo lo hace incoherente con la lógica de la vida y lo instala en otro universo lógico.
Mientras está con otros en un nuevo territorio de implicación y expresión, nace una nueva verdad que lo instala en una nueva espiritualidad. Compartiendo con otros se convierte en otro.
¿Es eso un actor? Un pasión compartida que acaba siendo una verdad. La construcción de algo que debe ser trasmitido a quien observa y escucha. ¿Pero hay alguien ahí, a quien comunicar una verdad?
Supongamos que un grupo de actores deciden trasmitirla y que los interlocutores existen. ¿Qué importancia le adjudicamos al espectador? Me voy a atrever a decirlo. El objetivo es que lo que hacemos pueda ser visto por la mayor cantidad de personas posible.
Alguna vez necesite creer que no aspiraba a tener muchos espectadores sino los mejores. Era lógico sentirlo asi mientras actuábamos algunos textos de Samuel Beckett. Ahora me doy cuenta que expresé mal mi deseo. Yo quería muchísimos de los mejores. Teatros repletos de aquellos que quieren ser los mejores espectadores y se arriesgan a poner su cuerpo y su espíritu al servicio de argumentos y conductas que intentan habitar el sin sentido becketiano. Quiero decir actores que actúan, para contar una historia difícil de contar y un público atrevido e inquieto respeta y comparte lo que en la escena ocurre.
Cuando alguien no sabe leer y escribir pensamos que eso sucede porque no ha tenido la opción de aprenderlo. A los espectadores no se les da la opción de crear, imaginar, identificarse y completar aquello que un gran actor actúa cuando asume un texto de un gran autor.
Nuestra sociedad no desea enseñarle. Por el contrario necesita un público muy ignorante petrificado delante de un televisor.
Si eres actor de teatro te la juegas. Pides ayuda y puede no venir nadie. Es lo que hay. Por eso es muy importante aprender a fracasar mientras que al mismo tiempo queremos convocar la mayor cantidad de espectadores posible.
¿Pero porque aprender a fracasar? Para combatir el posibilismo mediocre.
El fracaso nos da peso y coherencia. Nos ayuda a renunciar a lo que se debe hacer. Nos obliga a elegir lo que queremos hacer. Nos insta a dar la batalla para no perder la autoestima. Nos otorga una moral mientras evita que nos desmoralicemos.
No. No estoy escribiendo un panfleto de autoayuda. Estoy hablando de mi profesión. De un universo profesional alimentado por valores narcisistas con individuos tan triunfadores como enamorados de si mismos.
¿Por qué hay tantos jugadores de fútbol que juegan tan bien y sin embargo nos parecen tan idiotas? Porque es más fácil enseñar a golpear un balón que a pensar.
La pasión por aprender, por conocer, nos salva de la codicia y la mezquindad. En cambio la pasión por la ignorancia ayuda a estar muy enamorado de uno mismo.
HAGAMOS TEATRO
12 05 2012Comentarios : 6 Comentarios »
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La estética de la existencia.
18 03 2012Se nos ve muy bien desde fuera. Cada uno en su hogar frente a una pantalla. A veces explorando en Internet en busca de esa información que trata de lo que le ocurre a los demás; otras veces mirando en la televisión una comedia de situación o un telediario. Constatamos que las cosas que le suceden a los personajes o a las personas reales, nos protegen de que nos ocurran a nosotros. Nos preservan de la molestia de tener que sucumbir ante lo real. Incluida la muerte, esa inevitable sorpresa que siempre le ocurre a los demás.
Mañana por la mañana iremos a ensayar. Somos gente del Arte del Actor y conseguiremos apartar por un rato la protegida intimidad a cambio del encuentro con los demás. Es una elección. En el ensayo somos una pulsión inquieta. Un deseo pequeño de trasgresión pero deseo al fin. Cada ensayo nos permite rescatar algo de un poder transformador que parece haber desaparecido ante tanto capitalismo exuberante. Salimos de la vida privada y entramos en la vida social. Tratamos de descubrir que quiere y que hace un personaje y eso que es técnica interpretativa acaba definiendo la relación estética de cada actor frente a la existencia. La propia y la del personaje.
Obsérvese que he escrito, que es lo que quiere y que es lo que hace. No, que es lo que quiere y que es lo que dice o que es lo que siente.
Hacer resuelve dos problemas. El del ser humano que ensaya y el del actor que acciona para encontrar un personaje. En fin. Tan contentos que estábamos pagando la hipoteca y ahora viene la crisis y nos condena a preocuparnos por esa parte de la vida privada que los mercados ya no saben solucionar.
Cada ensayo tiene que servir para comprender una época. No solo un personaje. Una época.
Se ensaya contra la realidad.
Se ensaya para saber más de lo que acontece con el individuo, mientras nos quitamos de encima la mediocre consistencia de lo obvio.
Se ensaya para dialogar con autores que nos impulsan a negociar convicciones y a combatir la docilidad con inteligencia y sensibilidad crítica.
Se ensaya para entender porque un millonario decide someterse a la codicia vendiendo perfumes en horario prime time y porque en un Centro Cultural de una pequeña ciudad de Colombia o Chile o Argentina, una actriz que huele a ese mismo perfume cree en si misma porque encarna a la Madre de Bodas de Sangre o a Blanche Du Bois del Tranvía Llamado Deseo.
Qué pena no. Estos políticos molestando con sus historias de mercados, mercadeos y mercaderes y nosotros que estábamos tan tranquilos ensayando.
Imposible. No existe esa tranquilidad. Ni siquiera en ese bosque en donde Cristian Simois se recluye para ensayar mas y mejor y desde el cual me escribe. En algún momento la realidad nos atrapa. Pues es así. Esa es la batalla de cada uno.
Construir su propia estética y creer en ella. Parece ser que cuando la realidad nos encuentre deberíamos estar ensayando.
Algo similar me dijo una vez el Maestro Santiago García. La semana pasada lo nombraron Embajador de Teatro en el mundo. Por mi no hacía falta el nombramiento. Hace mucho tiempo que lo era. Un abrazo Maestro.
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LA CULPA Y LA INDIFERENCIA
21 02 2012Sigmund Freud acertó. La culpa me impide no hacer nada.
Podría haberme dedicado a gestionar mejor los recursos para sobrevivir. Asumir con resignación mi Cátedra hasta la jubilación o transitar mejor los pasillos en donde uno aprende a obtener de los políticos mayores cuantías en las subvenciones. No. Todo eso no me ha resultado fácil hacerlo. Lo he intentado pero no me ha salido muy bien.
En el camino me ha sido inevitable descubrir algunas cosas. Un impulso sujeto a no ser indiferente a lo que me afecta; todo ello alimentado por la culpa que se imagina como consecuencia de las malas decisiones, me ha traído hasta aquí.
La culpa por proceder de una u otra manera, ha sido un sentimiento que no he podido controlar. No soy nada original. Me parezco a mis alumnos o a una buena parte de la sociedad. Tengo impulsos humanitarios de no muy larga duración. El dinero como factor que explica la búsqueda de la supervivencia acaba siendo un límite. Una vez asumido esto es fácil quedarse callado.
Lo he vivido. Lo vivo. A veces pienso que es posible triunfar sobre uno mismo. Batallar contra el deseo convencional de ser aceptado y premiado por una sociedad que una sabe patológicamente infectada. Sin embargo algo neurótico nos lleva a la repetición buscando esa recompensa que parece pedir un reconocimiento eterno.
Contra todo eso escribo libros o me aplico en proyectos como Tejido Abierto. Buscar una legitimidad moral por sobre todas las cosas. La distancia con las recompensas económicas me acerca a la sutura de las viejas y conocidas culpas.
EL GRAN ESPECTACULO
Algo se avecina en esta Europa que siga tratando de estar cerca del bienestar mientras se nutre con nuevas y cada vez más relevantes contradicciones.
No hay que ser un profesional de la sociología para poder augurarlo. Eso que se viene con aromas de catástrofe que nos van llegando en oleadas sucesivas. Las realidades golpean para entrar en nuestras vidas. No parece muy agradable lo que se viene pero será espectacular. Así lo hemos aprendido y nadie quiere perdérselo.
Mientras tanto nuestros actores que han triunfado siguen vendiendo perfume antes del telediario. Son nuestros representantes. Una parte de la historia posmoderna que no parece tener sujeto ni práctica transformadora. De Marx a Heidegger. De los rojos a los verdes. Del barrio al adosado. Del cambio revolucionario a la huerta. Sin más. Del sujeto al objeto. Del individuo a la cosa.
Toda se ha solucionado para siempre. Nos han asediado y al final nos han conquistado. Sin violencia excesiva. Con el bienestar como emblema. Con caricias. Entre el cine made in USA, la televisión made in Europe y el Internet de la aldea global, se han apoderado de nuestra voluntad y nos hemos dejado llevar. Una violación en toda la regla y sin embargo un cierto placer nos envuelve. No siempre la violencia duele. Nos tendrán muy entretenidos hasta que nos den por muertos. Es lo que hay.
Y GIRABA Y GIRABA.
Hay algo mas. Y giraba y giraba la rueda y el agua pasaba… dice Federico Garcia Lorca y yo lo escuche y lo dice en Bodas de Sangre una actriz, de las que me dan felicidad porque ama con pasión lo que actúa. La escucho en los ensayos y sigo girando. Alrededor de lo que me gusta pero también alrededor de eso que nos salva de la indiferencia.
Algo sigue. Algo queda.
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La imposibilidad de imaginar.
17 01 2012Me escribe un director. Es amigo. “Gracias por tus consideraciones desestabilizadoras. Eres más idealista que yo y ya es decir”. Me agrada que alguien que estimo piense esto. Agradezco que quiera escribírmelo. Muy bien. Me dura unos segundos el estado de ligera embriaguez narcisista que me producen las caricias verbales. ¿Y ahora qué?
No soporto el sometimiento. Vivo en un tiempo de sociedades sometidas a valores que no comparto y como no me siento preparado para cambiar la sociedad, me dedico a los que tengo más cerca. Aquellos con los que convivo profesionalmente. En un ensayo o en una clase. Desde mis libros o desde el Blog. Me impulsa una rebelión contra el sometimiento.
Una sombra lo envuelve todo. El individuo de nuestro tiempo se ha convertido en un instrumento para la comunicación social. Como si todos no tuviéramos otra opción que decir lo mismo: esto es lo que hay.
Lo Newton de lo social. Una ley de gravedad que debemos aceptar como hemos acabado aceptando que las manzanas caen hacia abajo. Parece ser que nada se debe hacer porque nada se puede hacer. Las manzanas seguirán cayendo. ¿Hacia que lado?
Lado Uno. La única ideología que impera es la seguridad. Es obligatorio estar sosegados porque el futuro debe estar garantizado. Todo equilibrado. Todo bien. Interpretemos la realidad de una sola manera. Es buena si nos sentimos seguros. Es la concepción vital que funda un sistema y organiza la vida de las personas.
Lado Dos. Hay que ser competitivos. Hay que estar preparados para ganar a los demás. El motor es competir. Ser fuerte para esa batalla. Hay un solo enemigo: el que consigue lo que yo tengo que conseguir. Ser un ganador es obtener primero el trabajo y luego el premio. No dejar ningún resquicio para la debilidad que me haga suponer que en vez de competir debo elegir el bien común.
Lado Tres. ¿Cuál es el destino? Salvarse. El que pueda lo conseguirá y los que no perecerán en el intento. Antes era un mecanismo biológico ahora es social. La subsistencia de la especie. Un sálvese quien pueda tan universal como miserable acaba siendo el mensaje definitivo que recibe cada individuo.
Nuestro colectivo, el del Arte del Actor, se ha adaptado sin demasiada incomodidad a estos tres principios. La moral acaba siendo la integración de los tres lados y los valores éticos que deberían ser naturales son desplazados. Decía Samuel Beckett: “El fin esta en el principio y sin embargo se continúa”.
Debemos continuar. Muy bien.
No es necesario pagar en España las deudas de Hollywood. No hace falta seguir asumiendo que copiar la vida es un modelo para actuar. No es imprescindible creer que solo hay premios y castigos. Triunfadores o perdedores. No es obligatorio pensar que la basura mediática es basura de la buena porque genera dinero. Podemos pelear la realidad y no dejarnos asesinar por ella.
El que actúa con todo su potencial comunicacional debe seguir estando en el centro de la cultura con todo lo que esto supone de potencia transformadora. Me refiero al cambio que se produce en un espectador cuando asiste y se implica en un acto creador.
Un actor europeo o latinoamericano que reivindica su historia; no la histeria comunicacional televisiva. Estamos atravesados por urgencias que ayudan a un cambio de paradigma. No hay razones ya para seguir vendiendo estupidez. En forma de sensualidad femenina o machismo andrógino. En forma de ganemos premios y seremos famosos. En forma de comedia tonta pero llena de encanto superficial. La crisis ilumina. Quedan cada vez menos cosas que perder y ni una sola cosa que no seas nuestra, por salvar.
¿Qué es lo que queremos salvar? Por ejemplo, la ética personal que nunca muere y nos ayuda a entender que venimos de una sociedad que nos ha querido convencer, de que todo está permitido. Si no es así, aún quedan algunas cosas por hacer.
Romper el cerco. No aceptar que la imaginación del actor se debe acomodar a una exigencia devastadora que lo obliga a entender su existencia profesional, solo como supervivencia. Sometido a la miseria que es siempre indigna, el que actúa se convence que es legítimo hacer cualquier cosa para sobrevivir.
Lo que queda por salvar es la subjetividad. Que cada individuo puede decidir qué es lo que hace con lo que desea. Y si no sabe, que entienda y aprenda. Esa es la tarea. Salir de lo que el poder ha elegido. Ser capaces de imaginar desde nosotros mismos.
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Un vacío que llena.
1 01 2012Por segunda vez y mediante virus informático de naturaleza diversa, personas desconocidas han tratado de impedir que este blog siga emitiendo contenidos. Un actor con amplia trayectoria profesional me daba apoyo para que siguiera con esta reflexión, al mismo tiempo que me recordaba que mi postura de oposición al actor televisivo le resultaba personalmente contradictoria. El trabajaba en teatro, cine y televisión y no podía coincidir con algunos de mis argumentos.
Recibo su estimulo y considero este momento como el adecuado para clarificar mi posición en relación a un medio que da trabajo a mucha gente.
No me opongo al medio televisivo como instrumento trasmisor de mensajes y contenidos al servicio de un sistema. Asumo esa condición y entiendo que el vértigo de la información televisiva crea un sentimiento. Una especia de culpa y vergüenza.
Lo crea y lo elimina al mismo tiempo.
El tan mentado mercado que parece que todo lo decide, necesita de ese recurso para acampar a sus anchas en el deseo consumista del individuo de nuestra época. Nos ayuda a metabolizar con facilidad la dosis de culpa superficial que instala en cada persona la dura realidad de nuestro tiempo y nos permite concluir en una digestión rápida para poder dormir más tranquilos. Es parte del sistema y no tengo dudas de que por ahora es invencible. Ha surgido y ha crecido alimentándose de los aspectos más miserables y mezquinos del ser humano.
Muy bien. Esto es así y puedo interpretar el paradigma resultante. Lo que no acepto ni acabo de comprender es la facilidad con la que acepta el actor, lo que se le ha impuesto. Sus lugares naturales de expresión, teatro y cine, soportan estoicamente un modelo de desarrollo al servicio de un sistema.
Estoy en desacuerdo con un modelo de crecimiento basado en las apetencias cuantitativas del capital. Incluso en esta etapa crucial de la evolución de la sociedad, el arte del actor no debe someterse a variables que nunca le han pertenecido como esenciales en su existencia.
Quiero postular un modelo de desarrollo basado en la condición técnica del actor. Un saber con que se trabaja (la técnica) y para quien se trabaja (la ética). El actor como eje creador de riqueza artística, no en oposición a la mayor retribución económica posible.
No intento forzar una elección, ni establecer un dilema. Sigue siendo mucho mejor hacer una comedia de situación que trabajar de camarero por las noches. Lo que intento revelar para que sea asumido por cada actor, es una conciencia crítica. Quiero decir, lo que el lenguaje televisivo ha hecho con su trabajo.
La copia de la vida como modelo para vender más y mejor. No estoy negando la opción laboral y profesional. Lo que cuestiono es la incapacidad de asumir una postura crítica y por ende transformadora de si mismo.
El actor tiene mucho que hacer con lo que la televisión ha hecho de él.
Creo que hoy en día esa es la tarea para instaurar modelos de crecimiento y desarrollo de un arte que debe estar inmerso en la crisis social del individuo de nuestro tiempo.
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Los Territorios Éticos
8 12 2011Quizás me he quedado atrapado en las consecuencias de la sociedad entre Samuel Beckett y James Joyce. Como si no hubiera tenido suficiente con tanta modernidad acontecida y con tanto compromiso ideológico. Eso que concluyó con el fin de las ideologías. No queda nada de todo aquello que condujo al espíritu transformador de la sociedad. Ni siquiera quedan las utopías. Ni el poema de Galeano que nos recordaba que solo sirven para caminar. Se las veía tan lejos que no era difícil hacer historia. Caminábamos hacia una utopía inalcanzable.
Ni siquiera el caminar esta permitido. La gran verdad es solo lo que nos dicen que ocurre. Lo que acontece es la información. Como no hay trabajo, la deserción a ilusionarnos acaba siendo el mensaje. Ni siquiera una ilusión utópica. Nos quieren hacer creer que ilusionarnos es un remedio para idiotas.
Sin embargo venimos de la fiesta. La celebración española de las burbujas, sea inmobiliaria o automovilística, nos ha dejado al borde de festejar la nada. Escucho la radio, veo tertulianos televisivos, leo blogs en la red y nadie se escapa de la misma subjetividad. Lo importante es comer todos los días y para eso hay que tener trabajo. ¡Vaya novedad que estamos descubriendo! El trabajo es salud. No es así. Nunca ha sido así. No lo será así.
La mujer y el hombre siguen vivos. Para lo peor y para lo mejor. Seguirán intentando no confundir sobrevivir con vivir. Los individuos pueden matar o delinquir. También pueden construir, crear y rebelarse contra la muerte. Incluso contra esa muerte cotidiana de no tener trabajo. Siempre lo han hecho así y siempre quedará gente en el camino.
Mientras vamos peleando para subsistir y mientras nos entregamos a ello, vamos marcando territorios éticos. Mientras no hay trabajo, esos territorios nos salvarán de la nada. ¿Qué hacen Antonio Banderas y Penélope Cruz vendiendo perfumes por televisión? Ambos, alguna vez tendrán que sostener esa pregunta. ¿Hasta cuando la va a seguir ocultando el dinero?
Los territorios éticos son la primera opción personal. Con muchas opciones similares se constituye un gran comarca ética.
Hay un pensamiento fuerte contra el hambre y un pensamiento débil que solo estimula el que cada uno quiera comer. A los políticos les encanta el débil. “Cuando comamos todos los días seremos felices”. Y no es así. El posibilismo mediocre europeo se nutre de glotones mediáticos o de aficionados a las dietas. Da lo mismo. En el comer mas o menos no deberían jugarse las cosas.
A la hora de la creación no hay fábrica ni comida ni patrón ni sociedad del bienestar. No hay ni siquiera reloj. Por no haber, hasta la muerte que provoca el hambre, desaparece.
Los territorios éticos sustituyen la comida. ¿Pero alguna vez hay que comer? Si. Pero de eso no nos ocupamos como quieren los políticos. Para asumir la ética como conducta existencial, hay que buscar la comida y negarla al mismo tiempo.
No se pelea contra el hambre. Se pelea contra la muerte y para poder dar esa batalla alguna vez debemos comer.
El Mercado pretende adueñarse de todo. Mas que nada del hambre. Si no hay otra opción espiritual ni subjetiva que someternos al Mercado no queda ni una sola revolución creadora que realizar. Es la desaparición del Arte como proceso creador de vida en independencia de su rentabilidad. El Mercado se ha apoderado de todo y un actor solo sirve si se ha preparado para asumir las leyes de ese Mercado.
No creo que esto tenga que ser así.
Dejemos de constatar, escribir o valorar el éxito que han obtenido los actores con lo que han hecho y tratemos de comprender y defender los procesos creadores que han dado sentido a la vida de cada uno de ellos. Ese es el territorio ético que hay que regar porque en ese lugar y mas allá de la lucha cotidiana por la supervivencia se juegan su vida los que se alimentan del Arte del Actor.
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Los Valores Refugio
16 11 2011El capitalismo ha inspirado una metáfora. En tiempos de crisis hay que poner a buen recaudo el dinero acumulado, refugiándolo en algunos valores que den tranquilidad al inversor.
Monedas extranjeras, metales diversos, obras de arte o bonos garantizados. Son los territorios habituales donde se refugia el inversor asustado.
¿Puede el arte del actor, un arte que hace de lo efímero y fugaz su eternidad, un valor de refugio?
¿Para refugiarse de qué?
El capitalismo disfrazado de liberalismo salvaje ha decidido asemejarse al fundamentalismo islámico. Estos, como no pueden cambiar el mundo y las creencias de los seres que lo habitan, han decidido destruirlo.
Los dueños del universo financiero, a eso le llaman mercado, como no pueden comprar y vender la totalidad de los bienes y con ello seguir obteniendo altas rentabilidades, han decidido lo mismo que los fundamentalistas, destruirlo.
Me resulta muy duro soportar que el arte del actor, utilizando la televisión y la profesionalidad como excusa, sea una parte decisiva de lo mismo. Otro de los refugios donde la realidad construida y sostenida por el capital complete su tarea: matar al individuo.
La mercancía acaba teniendo mas valor que el sujeto. Con la técnica el individuo domina el objeto, pero se olvida del ente, del ser ( Martin Heidegger). Dominamos los medios para matar al ser humano.
Carlos Marx dijo que “la burguesía no va a parar hasta destruir al ser humano”. Deseo que su profecía no se cumpla.
¿De dónde vengo?
Hace casi 20 años que las dos primeras horas de cada día las dedico a la lectura. Mi pasión por Philip Roth, mi desencanto por Paul Auster, el descubrimiento de Thomas Pynchon, mi empecinamiento con Valdimir Nabokov o mi admiración por Anne Bogart vienen de ahí.
Mi inclinación por la filosofía, más que nada lo que sigo estudiando al respecto, no lo considero lectura recreativa. No es la misma ayuda para comenzar el día que una buena novela. Me instala en mis tiempos de estudiante. Creo que intento acabar una carrera que en su momento no me atreví a concluir.
Mi compañera Carmen y mi hija Camila me llaman con ironía, el filosofo. Supongo que para hacerme creer que soy lo que no he sido capaz de ser. No creo que sea un homenaje a Jorge Valdano.
En el año 1980 contraje una hepatitis. Ricardo Domenech en aquel momento director de la RESAD donde yo había comenzado a trabajar hacía un año me preguntó que libros deseaba que me regalaran para hacer más llevadero mi reposo. Entre otros le solicité Vigilar y Castigar de Foucault, Ser y Tiempo de Heidegger y Consideraciones Intempestivas de Nietzsche. Me escuchó sorprendido. Ni un solo libro remitía a algo teatral.
Ricardo ha fallecido hace un año mientras yo estaba en Chile. Con el transcurso del tiempo pudo explicarle que entre las Palabras y las Cosas he logrado acomodar mi deseo de dirigir a los actores. Sin Foucault no lo hubiera conseguido, pero sin Sartre o Deleuze, tampoco. El pesimismo en el entendimiento me ha posibilitado un optimismo creador que encuentro en dirigir a los actores y descubrir junto a ellos una puesta en escena.
A mis alumnos les hablo de Spinoza. Es el mas cercano a la técnica actoral pura de todos los que conozco desde Descartes hasta Paul Virilio o Peter Sloterdijk. Entre el vez a vez y el vínculo entre los individuos, vive la acción escénica. Eso lo dijo Baruch Spinoza no Stanislavsky. Lo siento mucho por el teatro ruso pero es así.
Mi hijo Federico esta preparado para dirigir actores en cine porque descubrió los espacios en blanco entre las palabras. Es decir, sabe leer lo que no está escrito. Igual que en los actores.
Creo que en mi vida he utilizado la lectura como un medio para detener el tiempo. Dirigir o dar una clase son algo distinto. La mejor manera que he encontrado para perderlo.
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